defiende el enfoque de género

Lola, Manoli y Yolanda

Publicado: 2013-03-15

Lola trasmite determinación. Calza botas altas y mantiene la mirada firme en sus convicciones cuando habla. Para Lola “la dignidad” es el sentido de la vida. Ella es una de las ocupantes de la finca de Somonte, en la frontera entre Córdoba y Sevilla. 400 hectáreas de tierra que estaban abandonadas al viento y el espacio. A Somonte se le acabó el tiempo de las ocupaciones simbólicas, dice Lola. Hace poco más de un año jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) ocuparon estas tierras. Ahora el paisaje es muy distinto: 50 hectáreas de trigo; 20 de girasol; cinco de col, lechuga, habas y ajos. Todo producción ecológica. En Somonte viven diecisiete personas, un buen número de ovejas, cabras y también gallinas.

Si pasas por Somonte no te faltará un plato de comida, una buena conversación y unas risas. Las tareas son compartidas, las decisiones se toman en asamblea y los habitantes se levantan a las seis de la mañana para iniciar la jornada de trabajo. “Aquí se viene a trabajar” dice Javier. No hay engaño en sus manos. Dos turnos de cuatro horas, mañana y tarde. En Andalucía el desempleo ahoga al 35% de la población. No hay trabajo, pero sí mucha tierra. Mal repartida, como siempre ocurrió en estos campos. Hasta que estos jornaleros se cansaron de mirar al cielo.

En Sevilla Manoli nos contó hoy que pensó en suicidarse. Que tiene dos hijos sin trabajo. Que ya es muy mayor. Que la desahuciaron. Que no sabía dónde meterse. Que ocupó la Corrala Utopía donde vive con casi treinta familias. Que el edificio está abandonado y que es propiedad de Ibercaja que les quiere desalojar. Que no tienen luz, ni agua. Entre las otras familias que ocupan este edificio sevillano hay todos los cuadros de la sociedad del malestar. Manoli le dijo al juez que fue ella quién entró en el edificio hace diez meses y tendrá un proceso judicial por usurpación. Una que vivía allí, la Mercedes, ha relatado a un medio sevillano, el ABC, que la “coaccionaron” y la “obligaron” a manifestarse “los del 15M”. El periodista que escribe el relato carece de visión periférica. La Mercedes ya tiene piso, cuestión de valorar la calidad-precio de la dignidad. Ibercaja es generosa con los conversos, mientras sean pocos y ocupen portadas. Por lo que dice Manoli -y por cómo lo dice- le importa tres pepinos lo que pueda decir a estas alturas de su vida un periódico. En Sevilla ya son ocho las Corralas ocupadas por familias desahuciadas.

El Tribunal de Justicia Europeo ha señalado que lo que ocurre con los desahucios en España es “injusto” y “abusivo”. El señor ministro de Justicia dice que toma nota, que habrá cambios en la ley. Curiosa miopía también la suya. Ni el profesor de catequesis, ni el de piano, ni el de equitación, ni en la prestigiosa escuela que estudió, ni en las Juventudes, le dijeron al señor ministro que la injusticia y los abusos no son algo que te tenga que advertir otro, sino que son evidencias. Sujeto jurídico proceloso en función de para quién. Justicia es una palabra abandonada, especialmente de arriba a abajo.

A Yolanda Barcina, presidenta de la fructífera navarra, recibir unas dietas diarias de 5.000 euros por un puesto institucional en la Caja de Navarra del que apenás hay constancia le parecía normal. “Hace cinco años no sorprendía a nadie" ha señalado. El nadie no es retórico, la señora Barcina tiene razón. A nadie de su entorno le sorprendía. Pero ahora queda feo, es mucho dinero cuando hay gente que se lanza por un balcón porque no puede pagar un alquiler de setecientos euros al mes, normalmente en un piso de mierda. Pero Yolanda va a devolver el dinero. 68.500 euros no es tanto para ella. La señora Barcina esta viviendo momentos "complicados y difíciles" según sus propias palabras. En el Diario de Navarra señalan que “muchas personas le han trasladado su ánimo y le han agradecido el gesto de devolver las dietas 'viendo que no era obligado'". Para algunos medios de comunicación los sospechosos, obviamente, son los desagradecidos.

Ayer vinieron una pareja de franceses cuando íbamos a comer lentejas con Lola, con Javier y con el resto. Los franceses buscaban algo “más alternativo” que Somonte. La miopía es lo que tiene, desenfoca la realidad hasta sintetizarla en códigos que se ajustan mal a las realidades. “Aquí se viene a trabajar” insistió Javier, con cortesía y gracia, antes de contar las historias de los que pasaron de visita para hacerles perder el tiempo. También hay otros casos, Mark llegó de Austria y es uno de todos. Es tan sencillo como encontrarse a través del lenguaje del saber estar.

“Siempre es bueno que se hable de nosotros, aunque sea para decir cosas malas, porque la gente se da cuenta que los que mandan nos tienen miedo. La lucha es dura, se sabe cuándo se empieza pero no cuándo se termina. Pero cuando es por causas dignas como crear puestos de trabajo y vivir de tus propias manos, sin limosna ninguna, es bueno siempre” dice Lola, con expresión alegre, antes de marcharse a una reunión en un pueblo cercano, y añade, “esto es duro, pero muy digno. Y nosotros por lo que luchamos es porque la clase trabajadora no pierda su dignidad”. Palabras mayores.

Foto: Mariano Aguado.


Escrito por

Jacobo Rivero

Periodista. Autor de 'Altísimo. Un viaje con Fernando Romay' y 'El Ritmo de la Cancha'. Otros en preparación. Voy donde puedo.


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