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La música y la vida

Publicado: 2013-11-13

Dice el director Javier Corcuera, en la presentación en Madrid de la película Sigo Siendo (Kachkanirami) que su filme “es una historia sobre la música y sobre la vida”. Así lo van manifestando los protagonistas que aparecen a lo largo de este recorrido por una parte importante de Perú y sus sonidos. Para acompañar la presentación, menciona Corcuera unas palabras del poeta peruano César Vallejo: “Todo acto genial viene del pueblo y va hacia él. De frente o transmitido”. De eso trata esta película, de trasmitir de frente los sentimientos que habitualmente no aparecen reflejados. Ni en el cine ni en los noticieros.

La película son varias en una sola, grabada a tres voces -quechua chanca, shipibo combo y castellano- se alimenta de miradas, gestos y sentimientos. A veces con música, otras con bailes y otras con la palabra. También con todos los sentidos al mismo tiempo, como cuando uno de los personajes del filme dice que el violín que siempre le acompaña es como sus manos, y esta presente “en las penas y en las alegrías”. Señala Corcuera que la película muestra “un país oculto, un país negado y la forma de sentirse de dónde son”. No es un asunto menor. En Perú hubo un tiempo prolongado de sombras y gritos, que aparecen en la cinta en una secuencia de puertas cerradas y calles vacías alrededor de los paisajes de Ayacucho. Pero también para la tristeza hay músicas, que recuerda que unos y otros se embrutecieron. Un lamento del agotamiento de un tiempo y la orfandad provocada por siglos de injusticias.

Una de las muchas virtudes del filme es que la presencia de la cámara ni se intuye. El espectador viaja por paisajes yermos del altiplano, por la selva amazónica o por la ciudad de Lima sin la presencia -con frecuencia molesta en otros documentales- del equipo de grabación, con lo que se logra estar en conexión directa y sin interferencias con los protagonistas de la película y sus músicas. Una de las características más valiosas del cine de Javier Corcuera -ya sea en Perú, Irak, Texas o Palestina- es que rehuye el protagonismo y su timidez protagónica es una garantía de respeto por las historias y las personas. Algo que se intuye favorece el feedback de los personajes con el director, para beneficio del espectador y de la trascendencia de lo que se quiere contar.

javier corcuera en la presentación de sigo siendo en madrid

Buena parte de la película podría recordar a un western, ya sea cuando muestra paisajes lunares, detalles que acumulan polvo en casas de barro, sombreros gastados por la acción del sol o caminos de arena con dirección al infinito. En esa primera parte de la película uno podría imaginar a Butch Cassidy y Sundance Kid recorriendo unos escenarios que muestran una forma de vida donde la música es un elemento de cohesión de unas comunidades que se reconocen en su propio folclore, sin aditivos ni elementos postizos. Pura autenticidad, que se mastica como la hoja de coca: por tradición y supervivencia, que además añade un elemento liberador en estos tiempos: un mestizaje que se construye alrededor de unos personajes ajenos a prejuicios o imposturas. Una mezcla desde el reconocimiento mutuo, que se expresa desde el cariño y la música.

El agua tiene un protagonismo transversal, desde la Amazonía, pasando por los valles alpinos hasta llegar al mar de Lima. La capital de Peru nos muestra otra realidad musicada. La de la jarana del callejón, el aprecio por los sonidos en relación a la vida y la ternura de la comunidad reconocida por el virtuosismo, con instrumentos o con la canción. Expresión de patio de vecinos o de bar con historias de madrugadas eternas. Con aprecio auténtico por la calidad, que se trasmite a través de ojos vidriosos, gestos de reconocimiento y presencia de los ausentes. La calidad del sonido de la película es de agradecer en un filme que se apoya en referencias de la música peruana o en los versos de los pájaros y el agua.

Kachkaniraqmi es un saludo. Cuando dos personas se encuentran después de mucho tiempo se saludan de esa forma. Quiere decir “sigo siendo”, “aún estoy” o “todavía soy”. Como en quechua no existe ni plural ni singular, también significa: “Aún somos todos”. Una forma de estar colectivamente que expresa una de las protagonistas cuando interpela directamente a Corcuera -en realidad al espectador- para afirmar: “Sin música no se puede vivir”. Nada más cierto. Esta película es una excelente demostración.

Pd1: Sigo Siendo (Kachkaniraqmi) se puede ver desde el miércoles 13 al domingo 24 de noviembre (excepto lunes y martes) en La Casa de América. Más información. 

Pd2: Entrevista con Javier Corcuera, en el periódico Diagonal.


Escrito por

Jacobo Rivero

Periodista. Autor de 'Altísimo. Un viaje con Fernando Romay' y 'El Ritmo de la Cancha'. Otros en preparación. Voy donde puedo.


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